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¡ Enfermos... pero en las aulas
Parece
que a nadie le importara seriamente el tema de la educación
sanitaria, de la higiene y seguridad en el trabajo.
Parece que la gran discusión jurídica,
teórico-práctica, consistiera en descifrar
cuanto vale un dedo cortado, sin tener en cuenta que,
la carta internacional de derechos humanos, el Pacto
Internacional de Derechos Económicos, sociales
y culturales y el Pacto de San José de Costa
Rica, reconocen entre otros el derecho a la salud y
a condiciones dignas de trabajo.
El trabajo docente y su salud
La
tarea del docente frente a sus alumnos es continua e
ininterrumpida y requiere por tanto un esfuerzo sostenido,
tanto en lo físico e intelectual, como en lo
afectivo y supone una carga que muchas veces no está
contemplada en la legislación, ni en la responsabilidad
de los gobiernos y empleadores para alivianarla.
En
el año 1998, un informe de la UNESCO daba cuenta
que 57 millones de docentes de todo el mundo, necesitaban
más recursos y apoyo para realizar su labor adecuadamente.
Este hecho es más patente en los países
más pobres del mundo, en los que las precarias
condiciones de trabajo han ocasionado graves prejuicios
a la salud de los trabajadores de la educación.
A
pesar de las recomendaciones de la UNESCO y de la OIT
sobre las condiciones del trabajo docente- en las que
se establecen requisitos mínimos para asegurar
el de-sempeño de la labor educativa- la situación
laboral de todos ellos no ha dejado de deteriorarse.
Pese a ello, día tras día, desarrollan
la tarea de educar en ámbitos en donde la pobreza,
la marginalidad y la violencia aumentan desoladamente.
La
realidad de nuestro país, ha provocado, entre
otros graves problemas, un significativo crecimiento
de la pobreza y la indigencia. De acuerdo a datos oficiales
aportados por SIEMPRO (Sistema de Información,
Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales),
en octubre del 2001 casi el 60% de los menores de 18
años que habitan en la Argentina, viven en la
pobreza, y de ellos, la franja más pobre está
comprendida entre los 6 y 12 años de edad, precisamente
el período más importante en la escolaridad
de los niños. Y en esto deben tenerse en cuenta
dos cosas: primero, se trata de datos oficiales, lo
que implica que seguramente hay más pobres, y
segundo, la realidad ha cambiado notablemente desde
entonces y no es necesario ahondar sobre este tema.
Hoy
ya no hablamos de la falta de recursos didácticos
adecuados, de útiles escolares, de libros. Hoy
debemos hablar de la falta de alimento, de vestido,
de vivienda, de motivación en el aula. Hoy debemos
hablar de niños y adolescentes provenientes de
hogares destruidos por la desocupación y muchas
veces la indigencia.
Esta
es la realidad que el docente encuentra en las aulas,
a la que le suma la depreciación de su salario
y los problemas de su propia familia, que en la Argentina
de hoy no son menores.
Pero,
y a pesar de haberse agudizado la crisis en nuestro
país, las condiciones laborales en las que los
docentes desarrollan su tarea, han sido poco tenidas
desde hace tiempo, viéndose muchas veces agredidos
física y mentalmente en forma violenta tanto
dentro como fuera del establecimiento educativo y esto
ha tenido sus consecuencias en la salud del trabajador
docente, afectada por la situación que desarrollamos
precedentemente y también por patologías
propias de su profesión.
Diversas
investigaciones demuestran que las enfermedades más
comunes son: depresiones, estados de estrés,
pérdida de la capacidad de concentración,
trastornos fonoaudiológicos, visuales y posturales,
alergias y cardiopatías.
Especificando
aún más las afecciones laborales de los
docentes, los estudios enfocados a la salud ambiental
que se han realizado a través de las mediciones
de ruido en algunas escuelas, arrojan cifras en decibeles
que sobrepasan el límite de tolerancia normal.
La sordera e hipoacusia es una de las enfermedades más
frecuentes entre los maestros.
Enfermos y en la escuela
Las
restricciones al uso de licencias por cuestiones de
salud, ha ido creciendo en forma paralela al aumento
de enfermedades de las docentes. La exigencia desde
los organismos oficiales de reducir el ausentismo docente
fue objetivo de distintas políticas. Si el objetivo
fue cumplido, si la misión de darle una mayor
eficiencia a la gestión fue llevada a cabo,
las consecuencias no fueron de las mejores. El ahorro
no se logró- ya que los recortes continuaron
aplicándose- y lo más grave aún
el costo lo pagaron una vez más los docentes
que asisten enfermos a las aulas, y en muchos casos
con patologías severas.
En
la escuela, donde los niños reflejan y reproducen
las tensiones y divisiones del mundo exterior, es el
maestro el que hoy debe ayudar a sus alumnos y trabajar
para lograr el mejor clima en el aula, a pesar de todo.
Cumplir
con esta responsabilidad como docentes, sólo
será posible si gobierno y empleadores cumplen
con la suya, ya que no sólo no existen políticas
y estrategias de prevención o capacitación
para la detección de enfermedades laborales,
sino que a los que están enfermos se les obliga
a continuar en sus funciones o desertar de ellas, violando
normas legales y principios éticos y humanos.
Cuadro de Facultades
|
Tipo
de Licencia
|
Áreas
Descentralizadas
|
Sedes
Centrales (Sta. Fe-Ros.)
|
| Lic.
de Larga duración |
Hasta
1 año-Jta. Méd. Minist. |
Junta
Médica Ministerial |
| Atención
de familiar Enf. |
Licencia
de Larga duración |
Supervisión
y Seguimiento |
| Tareas
Dif. transitrorias |
Hasta
1 año |
Junta
Médica Ministerial |
|