28 de mayo: Día
de los Jardines de Infantes
Tu oficio, que lindo oficio,
magia del pueblo en las aulas.
Milagro de alfarería ,
sonrisa de la mañana
La fecha
nos convoca.
Allá
lejos y hace tiempo, Rosario Vera Peñaloza abrazó
la causa de la educación a la infancia.
Era aquella una época de menguado protagonismo público
de la mujer. Rosarito recorrió caminos... a partir de la
idea de la maestra... y recogiendo los principios de grandes pedagogos
de entonces, se abocó a los más pequeños.
Voluntad,
ciencia, amplitud de criterio y audacia.
Ha
pasado mucho tiempo.
¿Qué
espacios llena hoy el Jardín de Infantes?
Indudablemente
que no es el mismo, tampoco es el mismo niño, ni sus familias,
ni la sociedad con sus exigencias laborales, ni la docente: la
maestra jardinera.
Todo
esto cambió y las necesidades también.
Hoy,
el Jardín de Infantes se plantea desde lo educativo como
una instancia de conocimiento profundo del niño y su estimulación
en una edad mucho más temprana que entonces.
Las familias presentan una constitución diferente. La familia
numerosa se redujo, igualmente la parentela que rodeaba
y contenía a los chicos hasta que empezaban la escuela,
también se achicaron las casas, los ambientes, los patios...
y surgió un nuevo modelo de familia.
La maestra... aquella segunda madre, apóstol
de las aulas, trocó en trabajadora de la educación,
preocupada no sólo del niño y su entorno, sino también
de brindarle las herramientas para el mejor desarrollo de habilidades
y destrezas desde una edad más temprana.
La cuestión laboral creó en los padres la necesidad
de que los pequeños pasen de la sala de partos a
ser parte... de esta institución que los contiene;
que colabora con los padres en el proceso educativo de estas personas
que se incorporan a la sociedad en que les tocó vivir.
El Jardín de Infantes acompaña desde lo pedagógico,
lo afectivo y se presenta como un servicio para aquellos -los
padres- quienes, sacrificadamente están construyendo con
su trabajo el porvenir de la patria.
Ellos
confían en quienes mejor pueden darles una mano en esta
ardua tarea de educar a los destinatarios de nuestros desvelos...
Como entonces: con voluntad, ciencia, amplitud de criterio y audacia...
las maestras jardineras estamos inventando cada día un
cielo diferente, sembrando en silencio, para que estos chicos
de hoy, hagan pie en este mundo en donde ellos están parados
con sus pocos centímetros de estatura y -desde la alegría-
puedan cambiarlo con esperanza mañana...