Edición Digital de El Borrador - Junio 2002 - Año 5 - N° 33

 
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Enérgica homilía del cardenal Jorge Bergoglio


Bergoglio alertó sobre el riesgo de disolución nacional. En el Tedéum del 25 de Mayo, se refirió a «la exclusión de veinte millones de hermanos»

En una severa homilía, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio, expresó que «hoy, como nunca, cuando el peligro de disolución nacional está a nuestras puertas, no podemos permitir que nos arrastre la inercia, que nos esterilicen nuestras impoten-cias o que nos amedrenten las amenazas».

En el Tedéum del 25 de Mayo, que rezó en la Catedral ante el presidente Eduardo Duhalde, los miembros del gabinete nacional y otras autoridades, Bergoglio pidió que «no sigamos revolcándonos en el triste espectáculo de quienes ya no saben cómo mentir y contradecirse para mantener sus privilegios, su rapacidad y sus cuotas de ganancia mal habida».

«Este pueblo podrá aceptar humillaciones -dijo Bergoglio-, pero no la mentira de ser juzgado culpable por no reconocer la exclusión de veinte millones de hermanos con hambre y con la dignidad pisoteada.»

«Existe peligro de disolución nacional» .Bergoglio alertó sobre el internismo faccioso, los negocios sospechosos y la ganancia mal habida; llamando a la solidaridad . Dijo que «hoy, como nunca, cuando el peligro de disolución nacional está a nuestras puertas, no podemos permitir que nos arrastre la inercia, que nos esterilicen nuestras impotencias o que nos amedrenten las amenazas». El prelado cuestionó el internismo faccioso, la incapacidad de sentir culpa, negocios sospechosos, rapacidad y ganancia mal habida, lavados que eluden obligaciones, operativos de desinformación que confunden, desestabilizan y presionan hacia el caos, «mientras perdemos nuestras oportunidades históricas y nos encerramos en un callejón sin salida»...

Bergoglio alertó sobre la decadencia de la autoridad, el vacío legal, la impunidad. Pero dijo que de poco sirve «la tentación ilusoria de exigir chivos expiatorios en aras del supuesto surgimiento de una clase mejor, pura y mágica... Sería subirse a otra ilusión».
Abrir los ojos a tiempo .El cardenal exhortó a abrir los ojos a tiempo y advertir «que una sorda guerra se está librando en las calles».

Frases salientes .

La moral: «Ningún talento, ninguna riqueza puede reemplazar una chatura moral».
Decepción: «Un triste pacto interior se ha fraguado en el corazón de muchos de los destinados a defender nuestros intereses, con consecuencias estremecedoras».
Engaño: «A medida que tal destrucción crece se buscan argumentos para justificar y demandar más sacrificios escudándose en la repetida frase no queda otra salida , pretexto que sirve para narcotizar sus conciencias».
Culpa: «Tal chatura espiritual y ética no sobreviviría sin el refuerzo de aquellos que padecen otra vieja enfermedad del corazón: la incapacidad de sentir culpa».
Disfraces: «Los ambiciosos escaladores, que tras sus diplomas internacionales y su lenguaje técnico, por lo demás tan fácilmente intercambiable, disfrazan sus saberes precarios y su casi inexistente humanidad». Revisión: «¿No estamos ante la oportunidad histórica de revisar antiguos y arraigados males, que nunca terminamos de plantear y trabajar juntos?»
Límite: «¿Hace falta que más sangre corra al río para que nuestro orgullo herido y fracasado reconozca su derrota?»
Construcción: «Ningún proyecto de grandes esperanzas puede hacerse real si no se construye y se sostiene desde abajo: desde el abatimiento de los propios intereses al trabajo paciente y cotidiano que aniquila toda soberbia».
Diagnóstico: «Hoy, como nunca, cuando el peligro de disolución nacional está a nuestras puertas, no podemos permitir que nos arrastre la inercia, que nos esterilicen nuestras impotencias o que nos amedrenten las amenazas».
Consumismo: «Hemos vivido mucho de ficciones, creyendo estar en los primeros mundos, nos atrajo el becerro de oro de la estabilidad consumista y viajera de algunos a costa del empobrecimiento de millones». .
Advertencia: «Abramos los ojos a tiempo: una sorda guerra se está librando en las calles, la peor de todas, la de los enemigos que conviven y no se ven entre sí, pues sus intereses se entrecruzan manejados por sórdidas organizaciones delincuenciales y sólo Dios sabe qué más, aprovechando el desamparo social, la decadencia de la autoridad, el vacío legal y la impunidad».


 


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