|
|
Educación
Especial:
Reflexiones
acerca de la integración escolar
"Si todos queremos vivir realmente en una sociedad
democrática, nuestros actos cotidianos la construirán"
Humberto Maturana
Quienes transitamos más de 20 años en la educación
de personas con discapacidad mental, fuimos viviendo su
historia de transformaciones como protagonistas, desde el
interior mismo de las instituciones educativas y de las
aulas.
Venimos de la época de la pedagogía curativa,
de términos tales como "insuficientes mentales",
"oligofrénicos", las categorizaciones psicométricas
derivadas de pruebas estandarizadas que determinaban, de
manera rigurosa y estática, si una persona se desviaba
de la norma... La socialización del deficiente, como
uno de los objetivos prioritarios, la escuela especial como
sistema paralelo de educación, separado del resto
de las instituciones educativas. Teníamos una mirada
sobreprotectora hacia nuestros alumnos, considerándolos
niños eternos, manteniéndolos durante años
en la escuela especial, más allá de su edad
cronológica, para no exponerlos a posibles y/o inevitables
fracasos en su inserción social
Fueron
pasando los años, y comenzaron a llegar desde Europa
(principalmente desde España) y de todos los países
desarrollados, bibliografía que nos hablaba de los
beneficios de la integración de nuestros alumnos
en las escuelas comunes.
Con
el advenimiento de dichas corrientes integradoras, que como
siempre, llegaron unos cuantos años más tarde
a ésta región alejada del primer mundo, se
movilizaron sentimientos contradictorios en quienes teníamos
la certeza de estar brindando a nuestros alumnos el lugar
ideal para su desarrollo, en el ámbito de la escuela
especial. Nuestras resistencias fueron generalizadas desde
un principio, ya que nada cambia por decreto, ni por moda,
ni por cambiar el discurso o las palabras
el conflicto
interno se desató dentro de las instituciones especiales.
Tuvimos
que desaprender teorías, liberarnos de dogmatismos,
prejuicios y estructuras rígidas y poco a poco convertirnos
en aprendices de una nueva lógica. Comenzamos a comprender
que era fundamental desarrollar una actitud crítica
y reflexiva sobre todo desde dentro mismo de nosotros para
luego lograr una transformación progresiva en las
instituciones.
Empezamos
a hablar el lenguaje de lo posible, del niño con
necesidades educativas especiales, no limitado, no disminuido,
sí con potencialidades, sí con posibilidades,
sí con todo el derecho a la igualdad de oportunidades
la
reforma estaba en marcha, el cambio de mirada se iba instalando
muy lentamente, paralelamente a nuestros propios convencimientos.
Comenzamos
a fortalecer los vínculos con instituciones comunes
como una manera de contagiar nuestro entusiasmo y trabajar
en proyectos cooperativos.
|
|
 |
La
concepción respecto a la integración
del niño con necesidades educativas especiales
en la escuela común implica un re-planteo de
actitudes y de formas que no se dan de un día
para otro. Implica un convencimiento de que esto es
mejor que lo anterior, de lo contrario es efímero,
se lo considera como algo impuesto. Tiene que ver
con los derechos de las personas, con el respeto por
las diferencias y con la necesidad de que cada uno
tenga su lugar en la sociedad, y esto solo se logra
con la con-vivencia.
La integración escolar no es un fin en sí
misma, sino que constituye un aspecto de la integración
social y laboral, que es el objetivo prioritario a
alcanzar. Actualmente se van posibilitando diferentes
niveles de integración como respuesta a las
características singulares de cada niño.
Somos conscientes que en muchos casos, la escolaridad
en la escuela especial es la única opción,
pero está en la creatividad de docentes y directivos
buscar espacios comunes de encuentro entre ambas modalidades.
Siempre debemos enfocar nuestras acciones en aquello
que hace al bienestar y calidad de vida del alumno,
evitando identificar un modo u otro de escolarización
como sinónimo de éxito o fracaso.
También
somos conscientes que la mayor parte de los esfuerzos
están focalizados en las instituciones (comunes
y especiales) y en los docentes y profesionales que
se comprometen para trabajar de otra manera, pensando
prioritariamente en lograr dar una respuesta educativa
adecuada a las necesidades de cada alumno.
Para lograr una acción coherente y que se sostenga
en el tiempo, es fundamental el acompañamiento
de una política educativa que tenga en cuenta
las transformaciones en todos los niveles, comenzando
desde la formación de los docentes en los diferentes
profesorados; permitiendo además flexibilizar
las estructuras organizativas de las escuelas -espacios,
tiempos y agrupamientos- por ejemplo, disminuyendo
la cantidad de alumnos por aula, para favorecer la
atención personalizada, permitiendo espacios
y tiempos de trabajo en equipo de docentes de diferentes
instituciones, reglamentando adecuadamente las funciones
de los maestros integradores, que deben trasladarse
diariamente a distintos barrios y/o localidades, creando
los cargos docentes necesarios y los servicios psicopedagógicos
con los profesionales de las diferentes ramas de la
salud, a partir de la demanda creciente, conformando
redes de trabajo conjunto con equipos de otros ministerios
y /o con organizaciones no gubernamentales
,
en síntesis, se necesitan personas que conozcan
muy bien la realidad actual de las escuelas para actuar
en consecuencia, de manera efectiva, con más
recursos y más calidad, convencidas en la idea
de que la educación es un derecho, no solo
un servicio...
Una de las claves es comprender que los fines de la
educación son los mismos para todas las personas,
y que el trabajo cooperativo entre las distintas instituciones
es enriquecedor y beneficia a todos por igual (alumnos,
docentes, padres
)
No
podemos enseñar valores en teoría, los
valores se construyen, se viven, se comparten, solo
cuando respetamos al otro como persona, con los mismos
derechos a vivir plenamente y a construir su proyecto
de vida en sociedad.
Ana
Maria de la Puente
Profesora de Educación Especial
|
|
|