Edición Digital de El Borrador -Julio 2004 - Año 7 - N° 46
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Educación
Escuela Hospitalaria


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Jardín del SADOP

La heterogeneidad en los tiempos modernos

No hace tanto tiempo hablábamos de la composición de los grupos de alumnos como homogéneos o heterogéneos. Esto último era lo máximo en diferencias que en la educación se alcanzaba. Eran casos de niños que podían mucho y otros no tanto, niños tranquilos y otros no tanto.
Hoy, nos paramos frente a una nueva heterogeneidad, una más amplia, con nuevos desafíos y horizontes: LA DIVERSIDAD.
Nos coloca en medio de un desierto donde, de todas las herramientas con las que podemos contar, rescatamos nuevamente el sentido de lo humano: el amor, la paciencia y la vocación de enseñar.

Niños que por diferentes circunstancias han padecido alguna enfermedad congénita o genética y quizás no tiene la maduración evolutiva acorde con su edad, pero sí tienen algo fundamental para su crecimiento, algo que es
indispensable para el desarrollo de todo ser humano, y ese algo que los hace igual a todos: es el deseo, el deseo de aprender, de caminar, de hablar… y ahí es desde donde nosotras, las docentes debemos hacer nuestra tarea:

No existen los libros,
ni la carrera,
ni el título,
ni el postgrado, que pueda limitarlos.

estimularlos desde el propio deseo haciendo posible el logro de competencias singulares que nos hacen diferentes entre todos.
Un sujeto que desea es un sujeto que no tiene fronteras para su aprendizaje

Carina N. Giolongo
Docente de Nivel Inicial
Jardín de Infantes de SADOP


15 de Junio: Día del Libro

Si tuviera que rescatar escenas importantes de mi infancia, seguramente elegiría aquellas en las que un rato antes de dormir, mi mamá me llevaba en brazos hasta mi cama, hacía “el nidito” entre sábanas, frazadas y un par de bostezos y me invitaba a escuchar un cuento.

Este cuento era inventado imprevistamente. Desde su imaginación a la mía trazaba un colorido puente por el que transitaban personajes estratégicamente dibujados sobre un paisaje desconocido pero al mismo tiempo familiar en mi curiosa mente infantil.

Después de muchos años, comprendí la importancia de estos momentos. Más allá de las sensaciones de felicidad y seguridad que transmitían a mis primeros años, fueron momentos iniciáticos porque gracias a ellos fue progresivamente descubriendo diferentes texturas en las palabras, primero desde la orali-dad y luego sobre el papel.
De allí, el abrazo a los libros se ha tornado imprescindible y eterno, atemporal y cercano, mágico y protector.

“Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica.”
Jorge Luis Borges

Alejandrina Cardonnet
Bibliotecaria



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