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Jardín
del SADOP
La
heterogeneidad en los tiempos modernos
No
hace tanto tiempo hablábamos de la composición
de los grupos de alumnos como homogéneos o heterogéneos.
Esto último era lo máximo en diferencias que
en la educación se alcanzaba. Eran casos de niños
que podían mucho y otros no tanto, niños tranquilos
y otros no tanto.
Hoy, nos paramos frente a una nueva heterogeneidad, una
más amplia, con nuevos desafíos y horizontes:
LA DIVERSIDAD.
Nos coloca en medio de un desierto donde, de todas las herramientas
con las que podemos contar, rescatamos nuevamente el sentido
de lo humano: el amor, la paciencia y la vocación
de enseñar.
Niños
que por diferentes circunstancias han padecido alguna enfermedad
congénita o genética y quizás no tiene
la maduración evolutiva acorde con su edad, pero
sí tienen algo fundamental para su crecimiento, algo
que es
indispensable
para el desarrollo de todo ser humano, y ese algo que los
hace igual a todos: es el deseo, el deseo de aprender, de
caminar, de hablar
y ahí es desde donde nosotras,
las docentes debemos hacer nuestra tarea:
No
existen los libros,
ni la carrera,
ni el título,
ni el postgrado, que pueda limitarlos.
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estimularlos
desde el propio deseo haciendo posible el logro de
competencias singulares que nos hacen diferentes entre
todos.
Un
sujeto que desea es un sujeto que no tiene fronteras
para su aprendizaje
Carina
N. Giolongo
Docente de Nivel Inicial
Jardín de Infantes de SADOP
15
de Junio: Día del Libro
Si
tuviera que rescatar escenas importantes de mi infancia,
seguramente elegiría aquellas en las que un
rato antes de dormir, mi mamá me llevaba en
brazos hasta mi cama, hacía el nidito
entre sábanas, frazadas y un par de bostezos
y me invitaba a escuchar un cuento.
Este cuento era inventado imprevistamente. Desde su
imaginación a la mía trazaba un colorido
puente por el que transitaban personajes estratégicamente
dibujados sobre un paisaje desconocido pero al mismo
tiempo familiar en mi curiosa mente infantil.
Después de muchos años, comprendí
la importancia de estos momentos. Más allá
de las sensaciones de felicidad y seguridad que transmitían
a mis primeros años, fueron momentos iniciáticos
porque gracias a ellos fue progresivamente descubriendo
diferentes texturas en las palabras, primero desde
la orali-dad y luego sobre el papel.
De allí, el abrazo a los libros se ha tornado
imprescindible y eterno, atemporal y cercano, mágico
y protector.
Un libro es una cosa entre las cosas, un
volumen perdido entre los volúmenes que pueblan
el indiferente universo, hasta que da con su lector,
con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre
entonces la emoción singular llamada belleza,
ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología
ni la retórica.
Jorge Luis Borges
Alejandrina
Cardonnet
Bibliotecaria
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