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Espacio
para la Reflexión
De
glóbulos verdes y otros... (Parábola)
Los
glóbulos han existido desde el comienzo de los tiempos
humanos: los rojos y los blancos y... los verdes, que tienen
peculiaridades (respecto de los otros dos tipos de glóbulos)
que hacen que su supervivencia sea precaria y que, en general,
sucumban después de un breve lapso.
En el siglo XIX, se procedió a su descripción
fenotípica, pero su estudio y tratamiento se llevaron
a cabo en aislamiento, cultivando glóbulos verdes
en el medio más idóneo, con la temperatura
y la humedad ideales y observando la interacción
de unos con otros. Esto dio origen a extensos informes sobre
las capacidades y funciones de los GV en los que se concluía
que: 1) eran lentos en su adaptación a un medio que
no estuviera expresamente acondicionado para recibirlos;
2) sus posibilidades para actuar en forma útil y
aportar algo al organismo eran escasas; 3) su capacidad
para aprender funciones e incorporarse a la trama orgánica
era baja; y 4) que el mejor procedimiento era mantener a
los GV separados, interactuando entre sí durante
el corto tiempo de vida que tenían y sin invertir
ni dinero ni esfuerzo en intentar lograr algo distinto,
pues, después de todo sólo eran GV.
Hacia mediados del siglo XX se produjeron dos hechos significativos
para el lugar y el destino posteriores de los glóbulos
verdes. Por una parte, un economista laureado con el premio
Nóbel determinó que era económicamente
inviable mantener estructuras especiales para células
específicas y que había que emplear las mismas
estructuras para todas las células, procurando que
se adaptaran a la situación y entorno circundantes.
Por otra parte, un grupo de estudiosos procuró observar
la relación de los GV cuando se los incluía
en el medio habitual del organismo y determinó que
las interacciones aumentaban y que los GV asumían
algunas tareas que antes se pensaban exclusivas de los GR
(glóbulos rojos); esto les permitió preparar
un sesudo documento que propugnaba la plena in clusión
de los GV con las otras células del organismo.
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La
cuestión de los glóbulos blancos requirió
atención especial.
Es
sabido que todo organismo rechaza aquello que no le
es propio, pero como los GV son parte natural del
organismo, los GB no debieran haber acusado su presencia.
Sin embargo, debido a que habían transcurrido
muchos años de la separación de los
GV, los glóbulos blancos (encargados de la
defensa y protección del organismo) tuvieron
una reacción adversa a su presencia: algunos
GB actuaron por ignorancia, pues nunca habían
visto un GV y no sabían qué esperar
del glóbulo verde ni cómo proceder con
él; otro GB, celosos custodios de la pureza
y homogeneidad orgánicas, decidieron impedir
su proliferación e inclusión oponiendo
reglas, disposiciones y normativas que relegaban a
los GV al aislamiento y al ostracismo; hubo otros
GB que, creyendo actuar en directo beneficio de los
glóbulos verdes e invocando teorías
científicas, afirmaban que la realidad respaldaba
las bondades de la separación para el mejor
desarrollo de los GV.
Así llegamos a fines del siglo XX en que el
premio Nóbel de Medicina recayó en unos
científicos que estudiaron la aceptación
de lo diverso y heterogéneo por parte del organismo
y propusieron medios para facilitarla. Este hecho
ha llevado a que los GV, y las cadenas celulares vinculadas
a ellos, hayan concebido la esperanza de que, finalmente,
si el organismo está dispuesto a aceptar aquello
que le es foráneo pero que lo beneficia, también
estaría mejor dispuesto a aceptar algo que
le es propio y que había sido separado artificialmente:
los glóbulos verdes... (en especial, estas
esperanzas se centran en torno de los GB ¿gruesos
burócratas?)
Victoria
Massa Bulit
(Material aportado por la afiliada María Roxana
Andriani, de la Escuela Nº 1157 Nuestra
Señora del Calvario de Gálvez)
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