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III
Congreso Internacional de la Lengua Española
¿Qué
más se puede decir del Congreso de la Lengua que
ya no se haya dicho?
Desde el 17 al 20 de noviembre se vivió en Rosario
este importante encuentro que, con periodicidad trienal,
se celebra en los países de la comunidad hispanohablante.
El tema convocante fue «Identidad lingüística
y globalización». Y se transformó en
una extraordinaria oportunidad, desde el punto de vista
de la lengua que hablamos, para replantear la cuestión
del lenguaje coloquial de nuestro pueblo, que se ha venido
empobreciendo de manera dramática en las últimas
décadas.
El Teatro «El Círculo» y Parque España
fueron testigos de los ciento sesenta y dos ponentes, quienes
debatieron y analizaron la lengua española.
A la vida habitual de Rosario se agregó la vida de
los grandes personajes de la pluma y el intelecto y el clima
cultural en la ciudad fue una fiesta.
El trato dado a la lengua hispana fue exquisito y soberbio
a la vez. Fue «mimada» con excelencia. Quedó
el llamado de los congresistas a seguir elevándola
como manifestación y expresión de los sentimientos
y del pensamiento. La lengua, que es nuestra manera de transformar
el mundo, debe ocupar un lugar en la sociedad y transmitir
nuestras vivencias.
También se habló del valor e identidad que
tienen las primeras lenguas, que ya convivían en
América: «Los arahuacos, habitantes de la zona
del primer contacto con los invasores europeos, tenían
un lenguaje que estaba cargado de poesía y ligado
a su forma de vida en permanente contacto con la naturaleza.
No tenían apuro por hablar. Su preocupación
no era sacarse al otro de encima lo más rápido
posible, sino al contrario- tomar contactos, conocerse,
conversar y compartir alegrías y problemas. Así
que se tomaban su tiempo para nombrar a las personas y a
las cosas» (Felipe Pigna)
Las lenguas aborígenes no fueron apartadas en este
Congreso y fueron tratadas en distintos paneles.
De este Congreso nos llevamos un compromiso de vida, para
poder compartir un mundo más humano a través
de las palabras. Palabras que, algunas veces: matan, destruyen,
hieren, amenazan; pero otras, también: consuelan,
redimen, dan vida, consuelan.
Ese es el poder de las palabras en el idioma.
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Resumen
de datos
Lo
insólito: El presidente Kirchner llegó
otra vez tarde y rompió los protocolos internos
e internacionales debido a una avería en el
avión presidencial.
Lo incomprensible: La presencia de Torcuato Di Tella.
Lo desapercibido: María Kodama presente en
el Congreso.
Lo cuestionable: Las ponencias no estaban a tiempo
para recopilar el material.
Lo más fácil: Hablar con Gilberto Gil.
Como pocos, amable y simpático.
Un lujo: La presencia de José Saramago, quien
atendió el asedio de sus seguidores con respeto
y paciencia.
Lo más genial: El discurso rosarino, santafesino
y argentino del Negro Fontanarrosa, que reivindicó
a las malas palabras.
Lo más emotivo: El Homenaje y la presencia
del Maestro Ernesto Sábato.
Un orgullo: Los chicos argentinos que ganaron el Certamen
Nacional de Escritura 2004 y recibieron los premios
de manos de José Saramago. Uno de ellos fue
Laura Alfonso de la escuela «Juan de Garay»
de Santo Tomé.
Lo más frío: El Quijote de hierro que
estaba en la puerta de «El Círculo».
Una esperanza: El diccionario panhispánco de
dudas.
Un placer: El análisis del Quijote por Belisario
Betancur.
Lo más luninoso: Los fuegos artificiales de
la apertura.
Lo imperdible: Todas las propuestas culturales.
Del más alto nivel: Los escritores, académicos
y críticos que maravillaron a todos con sus
ponencias.
Laura
Tira
Docente Delegada
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