Edición Digital del Sindicato Argentino de Docentes Particulares | Sec. Santa Fe - Diciembre 2004 - Año VII - N° 52
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SER DOCENTE DECENTE EN TIEMPOS DE CRISIS

Despido de una docente de la escuela Dante Alighieri en vísperas de Nochebuena.

Nunca imaginé que la escuela que tanto quería, la que tanto ponderaba , en la que decidí concentrar la mayoría de mis horas para dedicarme a full al Proyecto Educativo soñado junto a ex directivos como el Prof. Roberto Meyer, la querida Dilma y con la siempre presente Directora Dolores, el 23 de diciembre de 2004, después de 11 años de trabajo intenso, se decidiera, junto a las dos nuevas Directoras de EGB y POLIMODAL , que era el momento justo para despedirme. Un regalo de Navidad.
(Agradezco a esos ex directivos del colegio, por su confianza en mi trabajo, en mis proyectos, en mis ideas, en la didáctica que siempre apliqué para la enseñanza de la Lengua. Ellos comprendieron el sentido que siempre ha tenido para mí la Educación, y permitieron que creciera profesionalmente y pudiera desarrollar el potencial que todos tenemos sin censura pero con mesura.)
¿Pero que pasó en esta nueva gestión?.
Justo a fines de noviembre del 2004, el día que comenzábamos las instancias de apoyo irrumpieron los padres de un alumno denunciando que éstas se habían iniciado una semana antes que en el resto de las escuelas, impidiendo a su hijo el derecho a eximición. Solicitaron una entrevista con el docente que se había «atrevido» a no eximir a su hijo. En esas circunstancias, en presencia de la Directora de EGB3 y Polimodal fui sometida a todo tipo de agravios y amenazas. Los padres exigían que el 5 (cinco) que mereció el alumno fuese borrado y corregido convirtiéndolo en un 6 (seis). Declarando ambos ser docentes de esta ciudad, no tuvieron prejuicio alguno para exigir ese acto ilícito, corrupto e irrespetuoso para quien como docente decente aún preserva los valores éticos y morales sobre los que tanto hablamos a nuestros alumnos.
Ante tal inadmisible atropello, defendí con absoluta convicción los criterios de evaluación sobre los que siempre hablábamos en las plenarias de la escuela, pero lo hice en total soledad. En esa sala estaban los padres, la Directora y yo, la docente, a quien presionaban, insultaban y amenazaban.
Nadie hizo nada para detener a esos padres, que invirtiendo las funciones, se erigieron en evaluadores de su propio hijo.
Argumenté que en mis 14 años de docente en la escuela, nunca nadie me había pedido una entrevista para que cambiara una nota, que en la institución no había precedentes. Los padres me respondieron que estaban allí porque el precedente sí existía en la misma institución, e hicieron referencia a una circunstancia parecida, en la que la actual Directora de la escuela primaria, siendo Vicedirectora reemplazante, había borrado de puño y letra una nota de su hijo mayor, en el Área de Sociales, ante la negativa de la profesora de la cátedra. Y por lo tanto me preguntaban: por qué me negaba y me sorprendía tanto, a lo que la Directora, a mi lado acotó: eso fue en otra gestión.
En esta historia fui «utilizada» para tomar dos evaluaciones que el alumno no aprobó. La aprobación se la dio otra profesora de Inglés del establecimiento por decisión de las autoridades, prestándose a esta parodia y tomando una evaluación con un nivel de complejidad mínimo, por ejemplo, unir con flechas y asignándole un 9.70 (nueve/70), cuando en las evaluaciones previas el alumno había obtenido 3(tres) y 5(cinco) respectivamente.
Me preguntaba qué estaba pasando. Me di cuenta que fui el chivo expiatorio frente a todas las denuncias institucionales que estos padres hacían, pero de las que nadie se hacia cargo. Había que encontrar un culpable y allí estaba yo, defendiendo mis derechos, mi dignidad y mis principios. Pero estaba sola, nadie me acompañó.

La historia continuó. Fue una farsa, abuso de autoridad, acuerdos internos y externos. Nunca nadie me convocó después de que presenté una nota por los agravios sufridos, ¿Qué esperaban? ¿que agachara la cabeza y negociara mi puesto de trabajo con la patronal?. ¿Y mi dignidad…? ¿Y la decencia, la transparencia, la honestidad, la verdad?.
¿Cómo terminó esta historia?... Con un puñal por la espalda. El 23 de diciembre a la tarde, cuando llegué a casa, recibí este regalo de Navidad : UN TELEGRAMA DE DESPIDO QUE DECÍA "A partir de este momento prescindimos de sus servicios , sin causa...pase a retirar indemnización"

Mariel Figueroa (Docente despedida el 23 de diciembre de 2004)

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