Edición Digital del Sindicato Argentino de Docentes Particulares | Sec. Santa Fe - Marzo 2005 - Año VIII - N° 53
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Seguridad e Higiene Laboral

¿ Y la seguridad en los Colegios?

El Sadop Santa Fe reclama al gobierno provincial que dote a los colegios de las medidas de seguridad mínimas, ya que la realidad de los edificios escolares muestra condiciones que distan mucho de ser las adecuadas.

A raíz de la tragedia de Cromagnon, la controversia por las condiciones de seguridad en los locales con alta concentración de público se reactivó con la intensificación de las inspecciones –principalmente municipales- que han clausurado boliches, pubs, peloteros. Pero hasta el momento nadie puso el ojo en los edificios que reúnen a 500, 700, 1.000 o más niños y adolescentes todos los días: las escuelas.


No hace falta más que prestar un poco de atención al establecimiento educativo al que asisten nuestros hijos para darnos cuenta que muchos de ellos no cuentan con las condiciones de seguridad mínimas. Sin salidas de emergencia ni sistemas de extinción de incendios o con matafuegos vencidos, rotos, incompletos o ubicados en lugares de difícil acceso, y edificios con escaleras angostas, entrepisos y revestimientos de madera y sin tratamiento ignífugo o aulas encajonadas y sin la ventilación adecuada.
Ni hablar que, salvo contadas excepciones, ningún colegio tiene elaborado un plan de contingencia o practicó alguna vez un simulacro de evacuación, medidas esenciales cuando se trata de niños pequeños que entrarían en pánico rápidamente ante un posible incendio.
En una consulta que hizo El Borrador a docentes de colegios privados, éstos aseguran que el tema de la prevención de emergencias entró a la agenda de debate en las instituciones. Pero nadie sabe bien cómo encarar alguna estrategia que haga a la escuela más segura.


Por un lado, hay colegios cuya arquitectura antigua o construida por añadidura de partes- no permite modernas medidas de seguridad. Un maestro de grado de un complejo educativo privado no católico de Santa Fe, que tiene una matrícula de más de mil alumnos entre todos los niveles (Inicial, EGB y Polimodal) contó que «el edificio se fue haciendo de a poco, con mucho esfuerzo, un salón acá y otro allá». Por ende, quedaron varias aulas cuyas puertas de salida dan a un pasillo cerrado y no al patio, y todo el primer piso del Polimodal confluye en una única escalera.
Por otra parte, existen establecimientos –principalmente los que atienden a poblaciones periféricas- donde es imposible cobrar una cuota mensual y llegan al inicio de clases con sus dependencias sanitarias colapsadas, con cableados que son una constante amenaza, con los vidrios de sus puertas y ventanas rotos, y otras varias patologías edilicias que no fueron subsanadas durante el receso de verano.
En todos estos casos, deberían hacerse reestructuraciones de la infraestructura y reparaciones ya que estas falencias de infraestructura pueden constituir factores de riesgo para los alumnos y docentes. Pero si nadie hace un control serio, es posible que pasen desapercibidas hasta que suceda alguna desgracia. ¿Quién pensó, por ejemplo, que un vidrio simple, que no cumple con las normas de seguridad, podría haber quitado la vida a una alumna hasta que sucedió el accidente mortal de la nieta del ex presidente Raúl Alfonsín?. ¿O que un ventilador se aflojara de una vieja pared de la escuela técnica de la localidad de Rincón y dañara a dos alumnas?

Trampas mortales

Los expertos sostienen que los matafuegos y las salidas de emergencia son elementos obligados de inspección. Según los Bomberos Zapadores de la ciudad de Santa Fe, los matafuegos deben estar ubicados cada 200 metros cubiertos, además de los extintores especiales en salas de computación, cocina, biblioteca, entre otras.


Una megainstitución particular a la que concurren unos 2.000 alumnos de un barrio de clase media de Santa Fe no tiene siquiera un matafuego en todo el inmueble. «Es como todo, las cosas se empiezan a hacer cuando hay una desgracia. Qué podemos pedir si ni siquiera mantienen el edificio como corresponde», se quejó un docente que trabaja en el lugar. No sólo eso, la escuela tampoco cuenta con señalización hacia las salidas ni tomas de agua para ser utilizadas por los bomberos.
En otra institución contaron que sólo hay un extintor en la sala de computación, y en otros dos colegios confiaron que si bien están colocados los matafuegos, éstos tienen la carga vencida y recién ahora los apoderados legales se apuraron a calcular el costo de su renovación.
En cuando a las salidas de emergencias, los Bomberos dicen que otro requerimiento es que deben estar señalizadas claramente. Además, cada 100 chicos debe haber 56 centímetros de puerta y escaleras adecuadas en cuanto a gradas y ancho.
Contrariamente, algunos establecimientos escolares pueden llegar a ser «trampas mortales» en caso de incendios. Para evitar robos y vandalismos, la gran mayoría ha sellado ventanas y puertas con rejas, convirtiendo a los inmuebles en jaulas perfectas de las que, en caso de siniestro, no hay escape.
Los docentes consultados revelaron que las puertas de calle de las escuelas se cierran con cerraduras automáticas o con cadenas y candados para evitar que malvivientes ingresen o que los alumnos salgan. «Hay tres puertas que dan a la calle pero en horario de clase están cerradas con llave», contó el docente de una escuela ubicada en calle Lavalle. «Hay una puerta eléctrica que la acciona el portero, pero no hay un personal permanente para atenderla’’, dijo Juan, de un establecimiento privado de barrio Barranquitas.


Y si no están cerradas, las puertas casi siempre se abren para adentro, lo que en situaciones de emergencia pueden transformarse en una barrera.
En este punto, vale preguntarse qué se está haciendo desde el Estado. Hasta ahora no se escuchó, como en capital federal, el anuncio de un operativo de control masivo de los edificios escolares. La Secretaría de Seguridad del gobierno porteño salió con quince grupos, de siete inspectores cada uno, a controlar los edificios de los colegios de gestión privada. En S
anta Fe, nadie tomó partido.

Planes de evacuación

Aprender a actuar en el caso de un siniestro es el punto clave. Hay que preocuparse por capacitar en planes de evacuación a docentes y alumnos, para que no actúen a ciegas ante una emergencia.

Tras décadas de inercia, el Ministerio de Educación de la provincia junto con la Secretaría de Emergencia y Defensa Civil diseñaron un instructivo general que fija los lineamientos para trazar un plan de evacuación, señalando cuáles son las conductas y comportamientos para sacar a los chicos en caso de un siniestro.
Sin embargo, eso no alcanza. Se requiere, fundamentalmente, de una política de prevención seria que dote a todos los establecimientos –estatales y privados- de la condiciones mínimas de seguridad e higiene, y un acompañamiento y fiscalización de los problemas edificios. Y, sobre todo, que todas estas medidas sean regulares, no excepcionales. ¿O es que seguiremos inmersos en la cultura de la inseguridad en la que hemos vivido hasta la inmolación de casi 200 personas como el producto nefasto de una ausencia de educación en materia de seguridad?.


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