Un nuevo
28 de mayo convoca a todos los Jardines de Infantes a celebrar
su día en conmemoración al fallecimiento de
Rosario Vera Peñaloza, aquella destacada educadora
riojana que fue declarada por sus seguidores como «La
Maestra de la Patria».
Su profundo amor por el aprendizaje fue el que la condujo
a dedicar su vida a la enseñanza, en especial, a
aquella dirigida a los más niños, inspirándola,
allá por el 1900 a fundar el primer jardín
de infantes argentino, como anexo a la Escuela normal de
La Rioja. Luego, este acertado inicio se extendería
a las provincias de Córdoba, Buenos Aires y a la
ciudad de Paraná, y así es como, siempre bajo
su tutela inteligente, se comienza a estudiar planes y a
elaborar programas de educación preescolar.
Su valiente y consecuente convicción nos lleva a
reformular el tema de la importancia de lo vocacional en
una persona que hace de ella alguien trascendente.
El oficio pedagógico es «una vocación»,
la cual supondrá la posesión de determinadas
aptitudes, sin equivocar o confundir con «el gusto»
por algo.
Entonces, no será suficiente estudiar Profesorado
de Nivel Inicial solamente porque «me agradan los
más chiquitos». Todas las vocaciones relacionadas
con la pedagogía parten de una generosa necesidad
de amor, donde aprenden cotidianamente y de manera recíproca,
niños y adultos.
La
búsqueda y el reconocimiento de tendencias que alientan
la voluntad y el corazón humano, aún conscientes
de que toda elección en la vida lleva a aciertos
y desaciertos, representan la osadía y la alegría
de accionar nuestros deseos en beneficio de la humanidad.
De allí la importancia de lo que se enseña
y de lo que se aprende desde los primeros años, desde
el momento mismo en que el lenguaje y los pensamientos comienzan
a transitar un camino infinito que aprendemos para comunicarnos
y enriquecernos.
El alumbramiento de una «pasión por algo»
debe ser acompañado amorosamente por los adultos.
Derivará de poseer vocación para enseñar
y saber despertar en el espíritu de los niños
ese deseo que impulsa a elegir lo que mejor nos describe.
Alejandrina
Cardonnet
Bibliotecaria Jardín de Infantes del SADOP