El
conflicto docente en la provincia de Santa Fe se encauzó
y culminó en el ámbito de la Conciliación
Obligatoria, que dispuso la Secretaría de Trabajo
de la Provincia.
Ese viejo instrumento de la legislación laboral,
que sirviera tantas veces para superar los enfrentamientos
entre trabajadores y patrones, otra vez dio sus fruto, pese
a las desconfianzas de muchos, y pese a la precaria solidez
política de esta convocatoria.
El salario docente no cambió sustancialmente. La
reclamada jerarquización salarial se plasmó
reivindicando la bonificación por antigüedad,
como un primer paso para el blanqueo salarial. Somos, pese
a todo, los docentes con el mejor sueldo del país,
de este país que se ufana de consagrar un salario
básico para los docentes, por debajo del costo de
vida de los más pobres
Las cuestiones pendientes son muchas: la jubilación
docente, su financiación y régimen; el nomenclador,
y la imprescindible evaluación de la aplicación
de la Ley Federal de Educación en la provincia, para
saber qué pasó, qué nos pasa y qué
queremos que no nos pase más
Hasta aquí, lo que los diarios dijeron y algo de
lo que sucedió en estos días, días
en los que gobernantes, dirigentes sindicales y docentes
fuimos protagonistas de un conflicto que marcará
historia, dentro de las pequeñas historias de nuestros
días
Pero los docentes privados tuvimos también otra historia,
esta historia que los medios no quieren, no les interesa
o simplemente no cuentan
, porque todos sabemos que
nuestros empleadores siguen desempeñando el consagrado
papel de «los malos de la película» o
los «villanos de esta historia», de nuestra
pequeña historia de todos los días
Efectivamente, ellos (nuestros empleadores) no quisieron
asumir ningún rol en el conflicto (salvo «apretar»
a sus docentes, incumplir