Hacete
amigo del Juez, no le des de qué quejarse, siempre
es bueno tener, palenque ande rascarse
» nos
dice José Hernández en nuestra obra mayor
el Martín Fierro.
Desde
siempre hemos recibido este tipo de «mandatos»
culturales, que subliminalmente nos inculcaron la solución
individual, nos enseñaron la forma de «zafar»
de la ley, y nos convocaron a creer poco en la justicia
como valor. Así, todo es fruto de «mi amigo
el Juez» y no es consecuencia de lo que en justicia
y por derecho me corresponde
Además
este amigo juez es propiedad exclusiva, por lo que siempre
tiene que responder a nuestro interés, y a ninguno
más
, ni equivalente, ni superior
, sólo
a nuestro interés
Obviamente
un Juez de estas características extremas sólo
puede responder a los intereses de los poderosos, y dentro
de éstos, a los más poderosos
., nunca
buscará la Justicia, nunca se fundará en el
derecho.
Así
también la Justicia será siempre la respuesta
al interés y al poder del amigo del Juez
, lo
que equivale a decir que no será justicia
!
Los
más pobres, entonces, deberán apelar a dar
lástima y a que los medios de comunicación
los muestren desvalidos y difundan sus intereses (también
los pobres tienen intereses) o el supuesto derecho que les
asiste, para que el Juez, por «amistad» con
los medios de comunicación o buscando una buena imagen,
responda a esta cuota de «poder social»acumulado
Los
menos pobres buscarán, por su propia cuenta, los
elementos de poder para hacer justicia doméstica,
sin intermediarios, para hacer la justicia por «mano
propia»
Los
ricos le harán saber al Juez lo que están
«dispuestos a dar» para que se haga justicia
Los
poderosos, sin salir de su sitial, hasta le harán
llegar al Juez sus mensajes mafiosos, para que comprenda
sus razones y responda, en definitiva, a sus intereses
«Son
campana de palo, las razones de los pobres
»
nos sigue enseñando el Martín Fierro, y todos
sabemos que toda campana para que sea eficiente, para que
sea campana de verdad, tiene que tañir y hacerse
sentir por sí misma
Las «razones verdaderas» las que conmueven a
los jueces y a la sociedad, obviamente, son las razones
de los ricos, las razones de los que no son pobres (según
José Hernández)