Edición Digital de El Borrador - Mayo 2001 - Año 4 - N°22

La Canasta de Monedas
Por el CPN Danilo Alfredo Naymark

Introducción:
Los ciudadanos argentinos debemos sufrir, en forma constante y recurrente, las sorpresas a los que nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes.
A pesar de que tal circunstancia -la recurrencia- debería generarnos cierto acostumbramiento, la característica de la última sorpresa que se ha instalado en nuestros hogares a través de las incursiones mediáticas del ministro Cavallo, nos ha provocado, por el contrario, un estado de incertidumbre, desconcierto e inquietud, atendiendo a las dificultades lógicas que genera para el grueso de la sociedad la interpretación del concepto de “CANASTA DE MONEDAS”, “CON-VERTIBILIDAD BASADA EN UN ‘MIX’ DÓLAR-EURO”, etc.
Actualmente, la convertibilidad implica a grandes rasgos, que cualquier ciudadano en poder de un peso podrá canjearlo por un dólar, no sufriendo ninguna quita por la mencionada operación -salvo la ganancia que obtendrá el intermediario-. Para que el Estado pueda garantizar en principio, en el Banco Central de la República Argentina reservas por cantidades equivalentes al circulante en pesos, los que garantizarían que si todos los ciudadanos concurriésemos en forma conjunta y simultánea a cualquier entidad financiera para que nos canjeen nuestros pesos por dólares, no habría inconveniente.
No obstante la situación antes descripta, se sostiene que desde la vigencia de la convertibilidad nuestro peso se ha sobrevaluado, lo que conlleva a que nuestras exportaciones pierdan competitividad respecto a iguales productos de distinta procedencia. Esto ha generado en distintos ámbitos productivos pedidos de devaluación de nuestra moneda para contrarrestar esa pérdida de competitividad.

Una devaluación -necesidad de mayor cantidad de pesos para adquirir la misma cantidad de dólares que antes-, implicaría para todos los que obtenemos nuestros ingresos en pesos una disminución de nuestra capacidad de pago en dólares- circunstancia sumamente grave entre otros motivos, ante la magnitud del endeudamiento en dólares de la población-.

Por dicha circunstancia, entre otras, se sostiene la inviabilidad de generar una devaluación drástica, sin que esto conlleve a una ruptura de la cadena de pagos de toda nuestra economía.
Teniendo en cuenta estas circunstancias y quizás a pesar de ellas, el ministro de Economía viene insistiendo con la idea de modificar la convertibilidad y hacer que un peso sea convertible a una canasta de monedas en vez de convertible al dólar estadounidense como lo establece el artículo 1º de la ley 23.928, y sorprendentemente el Gobierno comenzó a mostrar una velocidad inusitada y en menos de 48 horas del anuncio que hizo Cavallo sobre cambios en la convertibilidad para disponer una paridad cambiaria que se mantenga sostenida entre el dólar y el euro, ya se envió al Congreso el proyecto de ley, el que está dotado de sólo dos artículos que establecen textualmente:
ARTICULO 1°.- Sustitúyese el artículo 1° de la Ley N° 23.928 por el siguiente: «ARTICULO 1°.- El peso será convertible para la venta, a una relación de un peso ($ 1) por el promedio simple de UN DOLAR de los ESTADOS STADOS UNIDOS DE AMÉRI-CA (U$S 1) y UN EURO de la UNIÓN EUROPEA (E 1), en las condiciones establecidas por la presente ley. A estos efectos se tomará la cotización del tipo vendedor de euros en dólares estadounidenses en el mercado de Londres.»
ARTICULO 2°.- La presente ley rige a partir del día siguiente a aquél en el que UN EURO de la UNIÓN EUROPEA (E 1) cotice a UN DOLAR de los ESTADOS UNIDOS DE AMERICA (U$S 1) para la venta, en el mercado de Londres, o supere dicha cotización.
Corresponde, en consecuencia, intentar realizar un somero análisis de lo que se pretende efectuar y sobre todo cual será la incidencia sobre la economía doméstica de todos nosotros.

Análisis:
De acuerdo a diferentes estudios realizados, por la convertibilidad y el 1 a 1 peso-dólar, nuestra moneda está sobrevaluada como mínimo un 20%. Esta sobrevaluación afecta las exportaciones argentinas porque las encarece; favorece nuestras importaciones y nos resta divisas; nos disminuye el ingreso de turismo porque somos país atractivo, pero caro y perdemos más divisas.

También las perdemos porque los argentinos que pueden hacerlo viajan más al exterior con el beneficio de ese 20% de sobrevaluación. Son costos altos, sin duda, pero justificables fren-e a un mal mayor: la inflación, que convertibilidad mediante, se erradicó hace 10 años.
Si convalidamos que existe una sobrevaluación del peso, debe cotejarse siempre contra otros males que su curación causaría estragos -en todos los sectores sociales- abandonar una convertibilidad cuando 80% de los argentinos, sus empresas y el Estado están, como se planteó precedentemente, endeudados en dólares.
Frente a este dilema serio e insoluble propiciar una ley para que en el futuro cuando un dólar valga un euro -o sea, sin devaluación aparente- las dos monedas por mitad pasen a ser el respaldo de la convertibilidad, genera inquietud en todos nosotros, y no soluciona absolutamente nada en lo inmediato
En realidad el mejoramiento para nuestros exportadores vendría de un hecho muy especial: el euro en su revalorización tendría que TOCAR al dólar 1 a 1 (hoy se encuentra rondando los 0,90) y de inmediato retroceder a 0,99 o 0,94.En este caso automáticamente -si el Congreso aprobara la ley- terminaría la paridad de la convertibilidad un peso igual un dólar, y de ahí en más el respaldo sería por mitades euro y dólar. Porque si el euro toca al dólar uno a uno y sigue subiendo -o sea que un euro pasara a costar 1,05 o 1,10 o 1,15 dólares; nuestro peso no se habría quitado su sobre
valuación actual sino que, por el contrario, sería peor por estar atado parcialmente - en un 50% - a la suba del euro y agravaría los males señalados. ¿Dónde está el beneficio, porque cabe suponer que si el euro iguala al dólar es porque cayó Estados Unidos en recesión y si lo igualó también podría sobrepasarlo perjudicando más nuestras ventas al exterior, encareciéndonos para el turismo, etcétera?

Cabe adjudicarle una sutileza al equipo económico: que supongan que temporalmente Estados Unidos va a caer en recesión. Esto podría recuperar al euro hasta emparejarse con el dólar. Sabe Cavallo que las re-cesiones de Estados Unidos no son largas según sus ciclos históricos (el promedio de los retraimientos de EE.UU. no da un año) entonces luego se recu-pera, vuelve a caer la paridad por fortalecimiento del dólar y cuando el euro vuelva a costar 0,90, o menos, se habrán pro-ducido recién dos efectos para la Argentina: terminó el uno a uno con el dólar y al volver a retrasarse el euro se produjo una devaluación más tranquila del peso. Claro, para recuperar 20% actual de sobrevaluación del peso el euro tendría que caer, tras tocar uno a uno, por lo menos a 0,60. Es casi jugar a la lotería y por algo dijo Cavallo que si el Congreso no le sanciona la ley para pasar a otra paridad no pasa absolutamente nada. Entienden algunos economistas que la única solución real a la sobrevaluación del peso es sólo una devaluación clásica y tradicional porque, eso sí, traería beneficio instantáneo a los exportadores, haría a nuestros productos más competitivos frente a los brasileños y los demás -vendría más turismo y gastarían menos afuera algunos argentinos-. Pero es impensable hoy devaluar a la manera tradicional en un país que dolarizó su economía en la casi totalidad del espectro social. Estigmatizaría al ministro que lo hiciera y Cavallo lo sabe. Más aún porque tiene ambiciones políticas, y eso lo llevó a proponer esta «devaluación indirecta algún día» y confiando en que el euro toque al dólar y luego se caiga para ser útil a la Argentina porque si se mantienen fijos dólar, euro y peso uno a uno no habría pasado nada. Esta “nueva convertibilidad” en definitiva comenzará a regir (de ser aprobado por el Congreso) cuando las monedas de la Unión Europea y de los Estados Unidos coticen a la par, algo que a ciencia cierta, nadie sabe si podrá pasar o no.



 

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