Introducción:
Los ciudadanos argentinos debemos sufrir, en forma constante y recurrente,
las sorpresas a los que nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes.
A pesar de que tal circunstancia -la recurrencia- debería generarnos
cierto acostumbramiento, la característica de la última
sorpresa que se ha instalado en nuestros hogares a través de
las incursiones mediáticas del ministro Cavallo, nos ha provocado,
por el contrario, un estado de incertidumbre, desconcierto e inquietud,
atendiendo a las dificultades lógicas que genera para el grueso
de la sociedad la interpretación del concepto de “CANASTA
DE MONEDAS”, “CON-VERTIBILIDAD BASADA EN UN ‘MIX’ DÓLAR-EURO”,
etc.
Actualmente, la convertibilidad implica a grandes rasgos, que cualquier
ciudadano en poder de un peso podrá canjearlo por un dólar,
no sufriendo ninguna quita por la mencionada operación -salvo
la ganancia que obtendrá el intermediario-. Para que el Estado
pueda garantizar en principio, en el Banco Central de la República
Argentina reservas por cantidades equivalentes al circulante en pesos,
los que garantizarían que si todos los ciudadanos concurriésemos
en forma conjunta y simultánea a cualquier entidad financiera
para que nos canjeen nuestros pesos por dólares, no habría
inconveniente.
No obstante la situación antes descripta, se sostiene que desde
la vigencia de la convertibilidad nuestro peso se ha sobrevaluado,
lo que conlleva a que nuestras exportaciones pierdan competitividad
respecto a iguales productos de distinta procedencia. Esto ha generado
en distintos ámbitos productivos pedidos de devaluación
de nuestra moneda para contrarrestar esa pérdida de competitividad.
Una devaluación -necesidad de mayor cantidad de pesos para
adquirir la misma cantidad de dólares que antes-, implicaría
para todos los que obtenemos nuestros ingresos en pesos una disminución
de nuestra capacidad de pago en dólares- circunstancia sumamente
grave entre otros motivos, ante la magnitud del endeudamiento en dólares
de la población-.
Por dicha circunstancia, entre otras, se sostiene la inviabilidad
de generar una devaluación drástica, sin que esto conlleve
a una ruptura de la cadena de pagos de toda nuestra economía.
Teniendo en cuenta estas circunstancias y quizás a pesar de
ellas, el ministro de Economía viene insistiendo con la idea
de modificar la convertibilidad y hacer que un peso sea convertible
a una canasta de monedas en vez de convertible al dólar estadounidense
como lo establece el artículo 1º de la ley 23.928, y sorprendentemente
el Gobierno comenzó a mostrar una velocidad inusitada y en
menos de 48 horas del anuncio que hizo Cavallo sobre cambios en la
convertibilidad para disponer una paridad cambiaria que se mantenga
sostenida entre el dólar y el euro, ya se envió al Congreso
el proyecto de ley, el que está dotado de sólo dos artículos
que establecen textualmente:
ARTICULO 1°.- Sustitúyese el artículo
1° de la Ley N° 23.928 por el siguiente: «ARTICULO 1°.-
El peso será convertible para la venta, a una relación
de un peso ($ 1) por el promedio simple de UN DOLAR de los ESTADOS
STADOS UNIDOS DE AMÉRI-CA (U$S 1) y UN EURO de la UNIÓN
EUROPEA (E 1), en las condiciones establecidas por la presente ley.
A estos efectos se tomará la cotización del tipo vendedor
de euros en dólares estadounidenses en el mercado de Londres.»
ARTICULO 2°.- La presente ley rige a partir del
día siguiente a aquél en el que UN EURO de la UNIÓN
EUROPEA (E 1) cotice a UN DOLAR de los ESTADOS UNIDOS DE AMERICA (U$S
1) para la venta, en el mercado de Londres, o supere dicha cotización.
Corresponde, en consecuencia, intentar realizar un somero análisis
de lo que se pretende efectuar y sobre todo cual será la incidencia
sobre la economía doméstica de todos nosotros. |
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Análisis:
De acuerdo a diferentes estudios realizados, por la convertibilidad
y el 1 a 1 peso-dólar, nuestra moneda está sobrevaluada
como mínimo un 20%. Esta sobrevaluación afecta las
exportaciones argentinas porque las encarece; favorece nuestras
importaciones y nos resta divisas; nos disminuye el ingreso de turismo
porque somos país atractivo, pero caro y perdemos más
divisas.
También las perdemos porque los argentinos que pueden hacerlo
viajan más al exterior con el beneficio de ese 20% de sobrevaluación.
Son costos altos, sin duda, pero justificables fren-e a un mal mayor:
la inflación, que convertibilidad mediante, se erradicó
hace 10 años.
Si convalidamos que existe una sobrevaluación del peso, debe
cotejarse siempre contra otros males que su curación causaría
estragos -en todos los sectores sociales- abandonar una convertibilidad
cuando 80% de los argentinos, sus empresas y el Estado están,
como se planteó precedentemente, endeudados en dólares.
Frente a este dilema serio e insoluble propiciar una ley para que
en el futuro cuando un dólar valga un euro -o sea, sin devaluación
aparente- las dos monedas por mitad pasen a ser el respaldo de la
convertibilidad, genera inquietud en todos nosotros, y no soluciona
absolutamente nada en lo inmediato
En realidad el mejoramiento para nuestros exportadores vendría
de un hecho muy especial: el euro en su revalorización tendría
que TOCAR al dólar 1 a 1 (hoy se encuentra rondando los 0,90)
y de inmediato retroceder a 0,99 o 0,94.En este caso automáticamente
-si el Congreso aprobara la ley- terminaría la paridad de
la convertibilidad un peso igual un dólar, y de ahí
en más el respaldo sería por mitades euro y dólar.
Porque si el euro toca al dólar uno a uno y sigue subiendo
-o sea que un euro pasara a costar 1,05 o 1,10 o 1,15 dólares;
nuestro peso no se habría quitado su sobrevaluación
actual sino que, por el contrario, sería peor por estar atado
parcialmente - en un 50% - a la suba del euro y agravaría
los males señalados. ¿Dónde está el
beneficio, porque cabe suponer que si el euro iguala al dólar
es porque cayó Estados Unidos en recesión y si lo
igualó también podría sobrepasarlo perjudicando
más nuestras ventas al exterior, encareciéndonos para
el turismo, etcétera?
Cabe adjudicarle
una sutileza al equipo económico: que supongan que temporalmente
Estados Unidos va a caer en recesión. Esto podría
recuperar al euro hasta emparejarse con el dólar. Sabe Cavallo
que las re-cesiones de Estados Unidos no son largas según
sus ciclos históricos (el promedio de los retraimientos de
EE.UU. no da un año) entonces luego se recu-pera, vuelve
a caer la paridad por fortalecimiento del dólar y cuando
el euro vuelva a costar 0,90, o menos, se habrán pro-ducido
recién dos efectos para la Argentina: terminó el uno
a uno con el dólar y al volver a retrasarse el euro se produjo
una devaluación más tranquila del peso. Claro, para
recuperar 20% actual de sobrevaluación del peso el euro tendría
que caer, tras tocar uno a uno, por lo menos a 0,60. Es casi jugar
a la lotería y por algo dijo Cavallo que si el Congreso no
le sanciona la ley para pasar a otra paridad no pasa absolutamente
nada. Entienden algunos economistas que la única solución
real a la sobrevaluación del peso es sólo una devaluación
clásica y tradicional porque, eso sí, traería
beneficio instantáneo a los exportadores, haría a
nuestros productos más competitivos frente a los brasileños
y los demás -vendría más turismo y gastarían
menos afuera algunos argentinos-. Pero es impensable hoy devaluar
a la manera tradicional en un país que dolarizó su
economía en la casi totalidad del espectro social. Estigmatizaría
al ministro que lo hiciera y Cavallo lo sabe. Más aún
porque tiene ambiciones
políticas, y eso lo llevó a proponer esta «devaluación
indirecta algún día» y confiando en que el euro
toque al dólar y luego se caiga para ser útil a la
Argentina porque si se mantienen fijos dólar, euro y peso
uno a uno no habría pasado nada. Esta “nueva convertibilidad”
en definitiva comenzará a regir (de ser aprobado por el Congreso)
cuando las monedas de la Unión Europea y de los Estados Unidos
coticen a la par, algo que a ciencia cierta, nadie sabe si podrá
pasar o no.
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